Escribe Emilia Demichelis
El Centro Cultural Rojas presenta Cubiertas o descubiertas: superficies domésticas, una exposición de Mónica Potenza con texto curatorial de Paula Caldo.
A través de la reapropiación de la estética publicitaria de la segunda posguerra, la artista cuestiona indirectamente los discursos que hoy intentan romantizar el regreso de la «esposa tradicional» en las redes sociales.
En las pantallas de TikTok e Instagram, un algoritmo pulido nos devuelve una tendencia que da la rara sensación de que no para de crecer: las tradwives (esposas tradicionales). Mujeres jóvenes, vestidas con una pulcritud milimétrica, hornean pan casero, ordenan cocinas relucientes y defienden con sonrisa angelical la sumisión al esposo y el repliegue absoluto al hogar como la cumbre del bienestar femenino. Lo que el entorno digital vende hoy como una «elección estética y liberadora» frente al colapso del mundo laboral, la muestra Cubiertas o descubiertas: superficies domésticas de la artista Mónica Potenza, lo redimensiona para ponerlo en el centro del debate.
La exposición, que se puede visitar en la Galería del Centro Cultural Rojas con la coordinación artística de Claudia Nayar, funciona como el contra-discurso político y visual perfecto para este presente, dialogando con el pasado desde la sospecha crítica del feminismo.
El refrito de una utopía asfixiante
Para entender el fenómeno actual de las tradwives, la muestra nos obliga a viajar a la raíz del diseño de ese modelo: la segunda posguerra. Las piezas de Potenza recuperan aquí la visualidad de las viejas publicidades de revistas, las historietas y los recetarios de cocina de los años 50.
Como nos señala la historiadora Paula Caldo en el texto de la muestra, aquella no fue una época idílica, sino el momento exacto en que se fraguó un nuevo modelo de mandato de la domesticidad obligatoria. El incipiente proceso de tecnificación del hogar –la llegada de los electrodomésticos que prometían «liberar» a las amas de casa– vino en realidad con una doble carga. La tecnología no les dio más tiempo libre para lo público o lo político; les dio más tiempo para cumplir con estándares aún más altos de perfección, y para estar perpetuamente disponibles bajo la mirada ajena.
Potenza retrata aquí a sus mujeres activas y sumergidas en los quehaceres cotidianos, pero dejando al descubierto el reverso de la trama: el fastidio, la alienación y la cosificación que produce la reiteración seriada de las rutinas domésticas.
El proceso creativo: desarmar el «escenario» para ver lo oculto
La metodología de trabajo de Mónica Potenza nos anima a pensar en cómo se construye y se lee entre líneas un mito social. Su producción se caracteriza por la creación de collages visuales a partir de un archivo de imágenes preexistentes, que incluye desde antiguas publicidades de revistas e historietas hasta afiches cinematográficos y viejos recetarios de cocina. El proceso creativo comienza con un boceto digital en el que establece un fondo o «escenario» conceptual. Sobre esta base, compone la escena principal integrando a las figuras protagonistas, para luego incorporar elementos y personajes secundarios, como plantas, flores o animales, que estructuran y organizan la narrativa propuesta en la obra. La imagen luego se imprime en tela y la artista la reinterpreta pintando encima con acrílicos y marcadores. El uso de estos materiales le permitió desarrollar una técnica propia y personal, reemplazando las tradicionales veladuras al óleo con las que trabajaba, por un trazo rápido, gráfico y de una nueva gestualidad que desborda la rigidez temporal de la publicidad original.
A diferencia de series anteriores donde las escenas sucedían estrictamente en cocinas o livings tapizados de mandatos, en esta propuesta para el Rojas la artista opera un cambio de escala y de perspectiva fundamental: decide mirar las casas desde el afuera. A partir de la búsqueda de planos y publicidades inmobiliarias, la artista se apropió del término técnico «superficie cubierta» para jugar de manera irónica con lo oculto, con todo aquello que las paredes de la privacidad doméstica esconden y silencian.
Cuerpos gigantes, espacios que oprimen
Uno de los recursos visuales más potentes de la muestra es el juego con las proporciones. Las mujeres se nos presentan sobredimensionadas en comparación con la arquitectura que las rodea, en un juego directo con las cargas hogareñas y también, como no, con la idea de las casas de muñecas.
La artista lo describe de manera clara: «No sólo debe estar la casa limpia, hay que darle de comer a los hijos, y la comida debe ser sabrosa pero también saludable; al mismo tiempo hay que estar linda para el esposo, delgada, arreglada… toda una serie de tareas que se hacen ‘para uno mismo’, pero que siempre están atravesadas por la mirada del otro».
Cubiertas o descubiertas no necesita mostrar escenas explícitas de violencia física para conmover. Su tesis es mucho más incómoda: el camino que desemboca en las formas más extremas de agresión contra las mujeres comienza en la base de la pirámide, en esa violencia simbólica cotidiana que normaliza las tareas de cuidado como un destino biológico y exclusivo.
Mientras los algoritmos de las redes sociales sigan lavándole la cara a la sumisión doméstica bajo la etiqueta del bienestar, muestras como la de Mónica Potenza seguirán siendo trincheras visuales indispensables. Nos recuerdan que el hogar, lejos de ser un refugio neutral, sigue siendo uno de los principales territorios en disputa.
Cubiertas o descubiertas: superficies domésticas, de Mónica Potenza
Hasta el 19 de junio en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas – UBA (Av. Corrientes 2038, CABA)
Lunes a sábados de 10 a 20 hs.
Paula Caldo (Texto curatorial) / Claudia Nayar (Coordinación artística)
Emilia Demichelis es artista y trabajadora de la cultura.