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Sobre Augustus de Liliana Bellone

por Jorge Brega

La reciente reedición por la editorial española Verbum, de la novela de Liliana Bellone, Augustus, que mereció el Premio Casa de las Américas (Cuba) 1993, será presentada el 22 de abril próximo en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores, Uruguay 1371, CABA.


Escribe María Julia Druille

Nosotros también sabemos quién las sedujo, mientras los machos te miraban al través y en qué lugar sagrado las fáciles Ninfas se rieron”  (Virgilio. Las bucólicas, pág 15. Biblioteca de autores griegos y latinos. Cádiz 1859)

Leer Augustus e inmediatamente pensar en su título, en la razón de que esta novela cuyas protagonistas son dos hermanas lleve el nombre de un emperador romano Octavio Augustus, y no cualquier emperador, sino el primero, el que establece un período de paz, estabilidad y expansión del Imperio. También el octavo mes del calendario gregoriano lleva el nombre de Augustus (agosto).

Las dos hermanas nacidas en ese mes, nacidas para brillar, criadas como alhajas delicadas en una famillia influyente de Campo Santo y reconocida en la provincia de Salta. Ambas de agosto.

Leemos esta novela, que fue premiada por la Casa de las Américas y comprendemos por qué. Es una novela donde se reinventa un mundo y se lo sitúa en un lugar real: Campo Santo. Sin embargo en los diálogos entre el padre y la familia de Zabala, el prometido de Clara, la nostalgia por Italia, por Roma y por el Piamonte y su carácter indómito está presente. Argentina, un lugar a donde llegaron inmigrantes de todas las latitudes, pero la impronta italiana aparece reiteradamente, y en este libro lo vemos en innumerables citas, por ejemplo: “porque los piamonteses son distintos, delicados, finos, si no, miremos a Clarita, mi futura nuera”.

O en: “Oh Augustus-Roma viniendo a nuestra sangre-Constantino y Bizancio viniendo en agosto a poblarnos-Santa Elena-Elena-Elena griega-de Esparta-de Troya-viniéndonos a nosotras el dieciocho de agosto.”

A través de la vida de Clara Eugenia y Elena vemos transcurrir la historia de nuestro país, y más cercanamente la historia local de ese pueblo salteño que tuvo un lugar importante en la Guerra Gaucha y la defensa del Norte y donde en su algarrobo descansó Belgrano. Mucho más acá en el tiempo, si es que el tiempo es una linealidad cronológica o por el contrario un eterno presente (porque Elena garabatea esos papeles y no sabe si en realidad desde que sucedieron los hechos al momento del relato pasaron diez, veinte o treinta años) la compañía de cemento vino a revolucionar el pueblo, a traer movimiento, se hizo un cine y un hospital pero después se fueron y quedó el arroyo con peces muertos y ratas muertas. Eso asimismo (y lamentablemente) cuenta la historia del país, pero una historia que cíclicamente vemos repetirse. También matones a sueldo, caciques provinciales que lideran a través de la violencia o el dominio del más fuerte.

Por otra parte la idealización de Buenos Aires, la mirada eurocentrista de una clase social en ascenso, del inmigrante italiano que logró un sitio en una sociedad de provincia con sus arrimes a sus líderes políticos, sus enconos y su feudalismo patriarcal.

Liliana Bellone realiza un trabajo exquisito con el lenguaje que lleva a momentos de gran intensidad mediante el fluir de la conciencia. A través de la asociación libre de sus pensamientos, la fragmentación de la sintaxis, las repeticiones. El lenguaje constituye a los personajes, mediante él conocemos su psiquis.

Dice Elena de su maestra: “viejunuca, viejuca”, neologismos que ponen en escena el trabajo de juego con el lenguaje.

No están desprovistos de simbolismo los cuadros de Santa Genoveva que aluden a la resistencia mediante la oración y la fuerza interior que fue la virtud de la santa.

Veamos un fragmento del fluir de la conciencia:

Camino por la galería-allí los cuadros de Santa Genoveva-voy por la galería infinita-hay cipreses y cuadros y más cuadros de San ta Genoveva-miles-oscuros-temblorosos-Santa Genoveva inclinada Santa Genoveva rezando-Santa Genoveva mirándome dulce mientras yo sigo yéndome por un corredor interminable como el aire volando tal vez-con un pavor extraño en el cuerpo.

El lenguaje se retuerce y se contrae, se expande y hay una búsqueda en la presentación del discurso, se filtra el estilo directo y el indirecto cuando dice: “Mamá decía que oí tu voz, la voz de mi Givanni, de mi marido que me está llamando”.

En su narrativa la autora mezcla la voz de sus personajes con una frondosa intertextualidad que surge naturalmente porque ese es el mundo de las dos hermanas: Verlaine, Balzac, Eugenia Grandet, Ana Karenina, Ofelia, Elena de Troya, Virgilio, Medea.

La literatura en francés ocupa el corazón de las protagonistas, aun siendo el padre italiano, ha ordenado que se formen en esa lengua prestigiosa de la época.

La noche cae sobre nosotras aprisionándonos en su aire invisible. La lune est rouge au brumeux horizon / dans un brouillard qui danse, le prairie / s’endort fumeuse, et la grenouille crie / par les jocs verts où circule un frisson. (La luna está roja en el brumoso horizonte / en una niebla que danza, la pradera / se duerme humeante, y la rana grita / entre los juncos verdes donde corre un estremecimiento).

Hay un capítulo muy interesante en que se alternan los pensamientos de una y otra hermana y se muestra el recurso que nos sitúa en una y otra perspectiva:

Piensa Clara: Enamorarse, desaparecer… Blanche, Vènus émer ge, et c’est la Nuit.
Pienso: Et c’est la Nuit.

Los espejos tienen una importancia central, están cargados de significado emocional, nos hacen pensar en la identidad o la falsedad.

También funcionan como un portal, un lugar de pasaje para comunicarse con el otro lado. Desde el comienzo, la voz narradora dice: “no sé cuál de las dos es la que está en el espejo mirándome y recordándome que nuestro padre decía que te hemos puesto nombre de emperatriz…Clara Eugenia”, pág. 11.

Augustus es, verdaderamente una novela apasionante, la autora tiene plena conciencia de haber creado un mundo, que el mundo es caótico por más intentos de orden que se intente y eso trae resonancias en lo formal y en el contenido, aunque ambos estén imbricados. Lo vemos en la forma de trabajar el lenguaje con todas sus resonancias intertextuales y polifónicas . Nos preguntamos quién habla en la novela, qué voces van apareciendo. Por qué está narrada en segunda persona, a quién está dirigida.

El tiempo es ambiguo, oscila, rompe la línea temporal mediante analepsis, el anacronismo, el racconto para enriquecer la trama narrativa.

Recuerdos, retrospecciones, saltos, un ir y venir en la historia.

Tal vez un eterno presente en el que se entremezcla la historia de la llegada del padre, su inserción en la sociedad de Campo Santo, la política, los inmigrantes, la zafra y los trabajadores golondrina, el sueño de casar bien a las hijas, la pérdida, el abandono, la disolución.

El dolor

Dolor ante la pérdida del amor, dolor por la muerte del padre de la que Clara Eugenia se siente culpable, dolor por el derrumbe de la familia, la imposibilidad de seguir adelante. El patriarcado, la figura paterna, motor de la economía, la imposibilidad de la madre de llevar adelante la casa sin recursos y frente a innumerables deudas. Una educación religiosa que las formó en la culpa pero no en la construcción de una identidad femenina independiente y lleva a las mujeres de esa época (no a todas) al fracaso cuando no hay un casamiento que salve la economía.

Erotismo, amor y traición

Leer y releer esta novela, pensar y repensar en que sobre este mundo ficcional crece algo que estuvo latente, la amenaza de la destrucción de este paraíso que es la casa construida para estas niñas destinadas a vivir una vida destacada en una sociedad patriarcal en la que es el padre quien elige al cónyuge de su hija por la posición social y sus posesiones materiales. La amenaza se cierne sobre ellas y Elena lo sabe. La llegada de Pablo y Angel Iriarte, los de los ojos azules, metálicos, con sus voces que causan escalofríos es la pérdida de la paz bucólica de Campo Santo.

“Pablo y Ángel Iriarte eran dos voces gruesas, como de ronquidos de la tierra. Sus palabras no tenían forma, eran un sonido unifor me que iba envolviéndolo todo: la sala, las lámparas, tu mirada y la mirada de papá”. Pág. 11.

¿Por qué se altera la vida en la casa? La llegada de estos dos criollos fuertes pone en escena la configuración social, en pleno cambio. Vemos la afirmación de José Ingenieros: “El caudillo se convierte en estanciero; el gaucho en peón. Junto a ellos nace una fuerza nueva, el colono menospreciado por aquéllos”. (Ingenieros, José: Sociología argentina, pág. 48. Obras completas. Vol. 8. Ed. Elmer, 1957).

Los dos Iriarte representan el peligro, lo “otro”, ya no hay protección, la propia casa, ese palacio construido con jardines y mármoles y libros de autores románticos y universales va a perder su identidad por las fuerzas del deseo y la seducción carnal. Ese orden se rompe y comienza la desintegración de la familia y del pueblo.

Roto el orden, la ruptura con su clase, el abandono, la pérdida del amor por el que sacrificó todo, Clara Eugenia ya se instala en el lugar de la locura, engorda, se vuelve pelirroja, deja de tocar el piano.

La amenaza se vuelve realidad y además se convierte en destrucción porque los dos Iriarte dejan a las hermanas, primero uno y luego el otro, ya no son bien vistas en esa sociedad pacata y son motivo de la comidilla y el prejuicio.

Luego viene la disolución, la locura de Clara Eugenia y el abandono de Elena.

¿Fijación en una etapa, imposibilidad de superar la infancia, paraíso perdido? ¿Una educación religiosa coercitiva que no las ayudó a ser libres? Muchas preguntas.

Tal vez la necesidad de rebelarse, de salirse de la opresión de un padre que digita e impone hasta a quién deberán amar. Pero también algo muy primitivo se desencadena con los Iriarte, una fuerza devastadora de la que ninguna de las dos puede negarse.

Ángel y yo reflejábamos tu amor y el de Pablo. Era como una danza: Pablo te abraza y la dicha te invade porque sus besos son tu muerte y tu resurrección y te transportan a un confín primitivo y larval.

Otra vez nos encontramos con la imagen del espejo, el reflejo, la reproducción:

Cuando Ángel me abraza me dejo llevar también a un letargo sin conciencia, a una gruta milenaria y turbia en los límites de la tierra. L’etange reflète / profond miroir —el pozo gris en donde disfrutábamos del agua y el reflejo de tu imagen y de la imagen de mamá en la orilla mirándonos-Oh-el estanque de la infancia-y vos y yo tomadas de las manos debajo del agua y la imagen de los Iriarte contemplándonos como dos gatos salvajes. En el espejo están Pablo y Ángel y tu rostro y el mío y el rostro de Pablo y tus brazos y mis brazos y el agua del espejo.

Otra vez la dualidad, el enfrentamiento al propio yo, los mundos paralelos, la muerte. ¿Cuál es la imagen válida si todo se duplica, se deforma y se diluye? ¿Cuál es la imagen verdadera y cuál la reflejada?

Finalmente, aunque podríamos proseguir porque esta novela es de alguna manera y parafraseando a Borges, un laberinto y ya sabemos qué significa para Borges el laberinto, en esta obra hay también una exploración de lo sobrenatural, la muerte y el más allá, la memoria y también la reaparición de los que ya no están y la evocación de voces perdidas y será Elena la que escuchará esas voces y nos contará la historia.


María Julia Druille es Licenciada en Letras (UBA), poeta, narradora y ensayista.


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