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La salud mental y la vida cotidiana

por Jorge Brega

Una aproximación al análisis de su relación 

Escribe Beatriz Romero

En esta época que nuestro padre juzga de decadencia y que yo considero acomodaticia y cruel, todo el mundo renuncia fácilmente a sus sueños. Yo no quiero hacerlo, Giacomuccio.
Al contrario, quiero que se construyan furiosos, rebeldes, imposibles. Rebajarlos es rebajar todavía más la realidad.
No firmaré la muerte de mis sueños, aunque se hayan ido, porque la única manera de que vuelvan es soñarlos de nuevo.
Griselda Gambaro, Después del día de fiesta.

Pensar en salud mental, hoy en estado de emergencia, es sin duda una temática que nos desafía a enfrentarnos con un análisis de la cotidianidad, entendida ésta como el escenario que en un espacio y en un tiempo se expresa la complejidad de las relaciones sociales. Los cambios profundos en instituciones tales como la familia y el trabajo, innovaciones, y avances tecnológicos, constituyen un desafío a la comprensión de la profundidad de esos cambios y sus efectos en las personas.

Resulta imprescindible para iniciar un trabajo que aborde este tema apelar a la concepción de salud mental de Enrique Pichon-Rivière que dice, “el sujeto es sano en tanto aprehende la realidad en una perspectiva integradora y tiene capacidad para transformar esa realidad, transformándose a la vez él mismo. Está activamente adaptado en la medida que mantiene un interjuego dialéctico con el medio”. Así como a la definición de matrices de aprendizaje de Ana P. de Quiroga que dice: “Matriz o modelo interno de aprendizaje es la modalidad con la que cada sujeto organiza y significa el universo de su experiencia, su universo de conocimiento. Esta matriz o modelo es una estructura interna, compleja, contradictoria, y se sustenta en una infraestructura biológica. Está socialmente determinada e incluye no solo aspectos conceptuales sino también afectivos, emocionales y esquemas de acción. Este modelo, construido en nuestra trayectoria de aprendizajes, sintetiza y contiene en cada aquí y ahora nuestras potencialidades y nuestros obstáculos. Estas matrices no constituyen una estructura cerrada, sino una gestalt-gestaltung, una estructura en movimiento, susceptible de modificación salvo en los casos de extrema patología”.

De esta definición de Ana Quiroga podemos tomar dos frases. Comenzaremos por: “Este modelo, construido en nuestra trayectoria de aprendizajes, sintetiza y contiene en cada aquí y ahora nuestras potencialidades y nuestros obstáculos.”. El qué contribuye a esas potencialidades y a esos obstáculos y sus posibilidades de modificación, nos remite a un proceso a la vez objetivo y subjetivo que se da en la práctica que el sujeto experimenta en todos y cada uno de los ámbitos e instituciones de la vida social, de la vida cotidiana. En este proceso se gesta la viabilidad, o el impedimento de visualización de contradicciones, su abordaje de una manera integradora, no disociada, y su resolución en un continuum en la relación sujeto-mundo.

Leemos en la otra frase que la historia de aprendizajes “está socialmente determinada”. El cómo se expresa en referencia a la salud mental, nos lleva analizar en toda situación la relación que es el objeto de estudio de la psicología social: la relación dialéctica y fundante entre orden socio-histórico y subjetividad, así como, ambos polos de la contradicción, y los procesos vinculares que son la vía que habilitan procesos de índole psicológica por los cuales lo externo se hace interno y opera desde la interioridad.[1] Ello nos plantea analizar en cada aquí y ahora las vicisitudes de la vida social en general, la de los ámbitos de los que el sujeto emerge en particular, y al sujeto en su posibilidad de aprendizaje y adaptación activa.

 

La salud mental como construcción colectiva (ilustración de Mariana Fassa).

Una mirada sobre el orden sociohistórico

 Hoy, cuando ya han pasado 25 años del comienzo del siglo XXI seguimos pensando en la necesidad de analizar los cambios profundos que se han producido en el orden mundial; podemos ubicar un hito fundamental en los hechos que tuvieron lugar a fines de la década del 80, cuyo símbolo, podríamos llamarlo así, es la caída del Muro de Berlín. Se inauguró una época de predominio capitalista a nivel global señalada por Francis Fukuyama como “el fin de la historia”, equivalente al último estadio al que la humanidad podría acceder. Se declara, paralelamente, el “fin de los grandes relatos”, aludiendo a la derrota de las revoluciones socialistas, lo único que queda en pie es el “relato” del capitalismo “sin relato”. El capitalismo no necesita de un relato explícito porque se impone per se en todas las áreas de la vida, la económica, la social, el mundo de la cultura, las subjetividades.

Todo lo que existe va tomando su forma, le va perteneciendo, todo lo que emerge como muestra de rebeldía, como denuncia a las iniquidades del sistema, políticas contestarias como los movimientos antiglobalización (que tuvieron su puntapié inicial en 1999 en la “Batalla de Seattle”), también movimientos ecologistas, indigenistas, pacifistas, por el cambio climático. Alcanza hasta expresiones culturales en la música como el rock, el punk, el hip hop, más cerca en el tiempo el trap entran en el mercado, son parte de los premios a nivel mundial, son absorbidos por MTV. Así como los grafiteros hoy son parte de las muestras de arte. El sistema los absorbe, los hace parte de él.

Otro aspecto de este panorama y muy determinante es el cambio de las características dentro del propio capitalismo, que van desde el neoliberalismo con los cambios y decadencia del Estado de bienestar, al actual capitalismo digital o capitalismo 4.0[2]

Otros hechos de alcance geopolítico a nivel mundial que signan este tiempo son las guerras que vienen sucediendo y que no cesan entre la invadida Ucrania y Rusia y en el Medio Oriente. Un aspecto no menor es el avance del crimen organizado a nivel global y con múltiples conexiones.

En este escenario emergen autocracias que aparecen como posibles modos de revertir el desencanto que produjo lo previo proponiendo una nulidad de las políticas que, si no en la totalidad de los resultados, en los discursos llevaban adelante instancias de justicia social y de acrecentamiento de los derechos. Se produce una perturbación en el plano de las identificaciones; aludimos al hecho de asumir como favorables propuestas que redundarán en perjuicio.

 Rasgos de la vida social

 Este sistema predominante a nivel global se expresa de una manera particular en un país dependiente como el nuestro sometido a crisis recurrentes, que venimos padeciendo a lo largo de generaciones, con su consecuente inestabilidad, aumento de la pobreza, y de la pobreza estructural que han degradado la vida social, a lo que se sumó la pandemia agravando a la vez que revelando, el estado se situación y la profundidad del daño.

Un grave problema es la concentración de riqueza en pocas manos con la consecuente profundización de la desigualdad[3]. En nuestro país, y su peculiar estado de situación, la consecuencia más dolorosa es el agravamiento de la pobreza sobre todo para “los humillados y ofendidos” como llamaba Gramsci a los más pobres, a los indigentes, pero también para buena aparte de la población que tiene un trabajo formal, ingresos fijos. La vida se ve reducida a cubrir las necesidades esenciales. La desigualdad no queda solo en el aspecto económico, sino que se replica en todos los ámbitos de la vida institucional, principalmente en la posibilidad de acceso a la salud, el trabajo, la educación.

Un factor que aparece signando esta época es la incertidumbre. Querríamos compartir con ustedes algunas consideraciones a este respecto. La incertidumbre es parte de la vida, es parte de lo que podíamos llamar normalidad, así como los conflictos, con ellos convivimos. La normalidad es en la práctica una construcción social y una representación social, según las épocas, es parte de un espíritu de época (Zeitgeist), las costumbres, la visión del mundo, el conocimiento científico, modos de ser, etcétera. La incertidumbre es parte de un fondo, un encuadre no rígido que se mueve lentamente. La diferencia sustancial se da cuando deja de ser fondo para ser figura y en esa instancia se transforma en un factor pernicioso para la vida. Los humanos necesitamos que el escenario permanezca más o menos estable para ser actores de nuestra vida, para no ser víctimas nosotros mismos de desestabilización. La incertidumbre en la que estamos inmersos, es aquella que ha pasado a ser figura, cuya negatividad se incrementa por la creencia y el temor de que lo que viene es peor, se erige como una amenaza. La vida ha devenido en un andar a tientas, quedan en suspenso las decisiones, los propósitos, los proyectos.

Un rasgo que no es novedoso pero que se agudiza con la irresolución de los problemas que nos aquejan, es la fragmentación social. Una sociedad fragmentada lo que muestra es el escaso o nulo contacto entre los múltiples fragmentos. Las formas de pensamiento social que cumplen una función de cohesión social, también están fragmentados, no son comunes valores, ni mitos, ni ideologías, ni creencias. Lo que hay es ajenidad, que agudiza la debilidad de procesos identificatorios, la pérdida de sentido de pertenencia a una comunidad.

Acerca del Trabajo: El trabajo que, desde hace tiempo, ha entrado en una zona de inestabilidad y riesgo, ha sido minado en su potencial de organizador de la vida psíquica y social. Conviven la precarización y la automatización.

Las formas contemporáneas de la organización del trabajo se apoyan sobre principios que sacrifican la subjetividad en nombre de la rentabilidad y la competitividad. Uno de estos principios es la individualización y la convocatoria a la competencia generalizada entre personas, equipos y servicios. Los contratos por objetivos, la competencia generalizada entre los empleados/obreros y la precarización de las formas de empleo llevan al desarrollo de conductas desleales entre pares y a destruir la solidaridad. No afecta solo a la víctima de esta conducta sino también al victimario que se traiciona a sí mismo. Se desestructura el mundo social.

El rendimiento individual por un lado y la estandarización o normalización de procedimientos por otro que llega hasta las actividades de servicio, salud, justicia, educación, son los pilares de esta modalidad. Estas situaciones llevan al individuo al aislamiento, a la soledad, a la fragmentación de la convivencia. Se deteriora la pertenencia a un colectivo, cuya implicancia es el debilitamiento de una fuente de sostén que incrementa consecuentemente el sentimiento de vulnerabilidad. Es el debilitamiento de los lazos sociales.

La productividad como la meta deja de lado lo emocional pero también la ética y lo moral: “hago lo que debo hacer”. La insensibilidad, en aras de la productividad con el que tengo al lado que es mi competidor, el otro como rival, enmascara la insensibilidad hacia uno mismo (autoexplotación), y como consecuencia la negación del daño psíquico y físico que inflige.

La consecuencia es la fragmentación subjetiva, el sujeto niega su sufrimiento y hace un esfuerzo gigantesco de sobreadaptación. Es un proceso de alienación[4] por el que, al sujeto, esta conducta se le vuelve espontanea, no registra el nivel de sufrimiento, desaparece la conciencia del conflicto. Sin embargo, el conflicto puede expresarse en el propio cuerpo y en los vínculos. El resultado es la negación de la percepción de la realidad y el no reconocimiento de las necesidades (por ejemplo: no registrar señales que el cuerpo envía), lo que de hecho deviene en resistencia al cambio y por ende perpetuación de situaciones. Dice E. Pichon-Rivière: “la fragmentación es propia de nuestra cultura. El individuo la sufre y sufre la dispersión del fruto de su tarea, creándosele entonces una situación de privación y anomia que le hace imposible mantener un vínculo real, sano, con dicho objeto. Está compelido a una relación fragmentada, transitoria, enferma”[5].

El trabajo ha sido minado en su potencial de organizador de la vida psíquica y social.
Conviven automatización y precarización (la ilustración inicial es de Diego Andreotta).

Estos fenómenos que hemos señalado se dan en un contexto en el que las instituciones están muy por detrás de las necesidades de las personas, están desprestigiadas y como consecuencia deslegitimadas, lo que genera una grave debilidad institucional. En una posición de simetría actúan compelidas por el accionar previo, tal vez desordenado, confuso, violento, también justo, de la comunidad. Un emergente es el estado de anomia, que se instala cuando las reglas sociales se han degradado o directamente se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad. El correlato es la desconfianza.

 Aquellos que reclaman parecen hacerlo como una vuelta a lo previo, sin opciones que propongan un modelo alternativo y coherente en tanto permanecen apegados a los presupuestos de un mundo que ya no es. Persistir en estructuras institucionales y organizacionales que no dan cuenta de un mundo en cambio acelerado, ni de las subjetividades emergentes constituye resistencia al cambio que no habilita a pensar nuevas categorías.

Ello nos plantea insistir acerca de ese pensamiento que sobrevuela a la resignación, “a la arbitrariedad del destino” que es: “no hay alternativa”. El no hay alternativa da cuenta de la imposibilidad del cambio en el ámbito del orden sociohistórico, estaríamos en el fin de la historia planteado por Francis Fukuyama, la consecuencia es el abandono de las utopías. Utopías que remiten a sociedades más igualitarias, con un entramado social sólido, lazos sociales fortalecidos.

Por la carencia de estas apoyaturas los individuos se sienten y están aislados, la manera de afrontar la circunstancia se circunscribe al plano de lo individual. Se incrementa la sensación de desprotección social, la humillación, la frustración por la falta de futuro y luego el hartazgo y el resentimiento.

La desilusión en lo colectivo tiene lugar no solo ligado a las derrotas de experiencias previas sino a no fiarse de las políticas que resultan ineficaces y por ende en la política, clase que es visualizada como corrupta y pasible de acuerdos que resultan sospechosos, que impacta en la percepción del otro, ya no como semejante, sino como rival. El individualismo como forma de pensamiento fuerte se instala.

Los sujetos

Albert Camus en su libro El primer hombre, hablando de la vida en su Argelia natal aún colonia francesa dice: “… la pobreza y la ignorancia volvían la vida más dura, más desolada, como encerrada en sí misma; la miseria es una fortaleza sin puente levadizo.”

Podríamos asociar esta cita de Camus a una realidad como la nuestra, en la que se ha cronificado la situación de emergencia social por una interminable agudización de la crisis, que es fuente de padecimiento para la mayoría de la sujetos aunque no de la misma manera; muy agudo para prácticamente la mitad de la población argentina agotada de sufrir continuamente pérdidas, del orden de lo material y de lo subjetivo, con pocas posibilidades de recuperación.

Para buena parte de los jóvenes que padecen la pobreza y la falta de trabajo, que se sienten incapaces de visualizarse en el futuro -lo que daña la capacidad de anticipación que es esencialmente humana-, se yergue como amenaza el “terror de inexistencia”: “me veo sentada en la vereda, con un perro al lado, mirando la vida pasar”[6]. Los sentimientos de soledad, tristeza, depresión, angustia, la caída en consumos se entremezclan, como conjuro, con el fuerte deseo de “ser alguien”. La situación de segregación es una constante para estos jóvenes, su vida, sus vínculos están limitados a su barrio.

El sujeto ha devenido en frágil por los permanentes embates padecidos en su lucha por la superviviencia, y su vivencia de fracaso. Que se refuerza por la imposibilidad de acceder a lo que ofrece la obscena exhibición de toda clase de objetos, y de formas de vida ostentosas e inalcanzables, generando una necesidad para las que, sin embargo, la mayoría de la población no tiene ninguna chance de satisfacer, lo que contribuye a incrementar la sensación de insatisfacción.

«Ellas encienden las ollas» (ilustración de Mariana Fassa).

Ante el desencanto que desencadena el agotamiento de la capacidad de respuesta, la frustración, la percepción de un futuro oscuro, predominan sentimientos de impotencia, de desesperanza, de desprotección, de miedo, la necesidad de estar siempre alerta.

Pichon-Rivière define al sujeto “como ser de necesidades que sólo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan”; las dificultades para satisfacer necesidades no solo hablan del fracaso social, sino también del debilitamiento del sujeto en su ser social. Es la vivencia, para muchos, de no ser nadie, nada para los otros, en última instancia para el Estado, pero sobre todo para sí mismo.

Esta percepción de sí mismo tiene múltiples determinaciones: prejuicios, mandatos, estar sometido en forma permanente a la desmentida de la percepción, sentirse permanentemente en desventaja, entonces, “sin alternativa”, la dependencia de las decisiones, ayudas, a veces imposiciones de otros, la falta de autonomía[7] (relaciones de dominación interpersonales y otras mediadas por mecanismos institucionalizados), la inseguridad, lleva a quien se encuentra en esa situación a percibir que su vida no le pertenece, que sus decisiones, y pensamientos poco dependen de él.

Circunstancia que, muy probablemente, predispone a la superstición, incluso a la participación en sectas, recursos de los que se sienten desamparados; o a aferrarse a discursos que apelan desde su contenido y modalidad de enunciación a factores emocionales revistiéndose con características de lo incuestionable, que ofrecen una mejora para el futuro, sin comprobación de veracidad, discursos políticos asociados a pensamientos de tipo autoritario que prometen soluciones mágicas. Lo que produce un alivio circunstancial es, a la vez, un obstáculo para alcanzar un pensamiento crítico. Lo mágico, lo ilusorio se impone a lo racional. Una forma de alienación.

Las experiencias, las emociones, los sentimientos a los que aludimos nos ubican ante la vivencia recurrente de pérdida[8], doloroso sentimiento de desintegración subjetiva. Pérdida en el sentido pichoniano que siendo real o fantaseada puede infligir daño o deterioro de la salud. Así, “el sujeto se ve impotentizado en el manejo de su rol, y esto crea un umbral de baja tolerancia hacia las frustraciones, en relación con su nivel de aspiración”[9]. A veces la manera violenta de relacionarse es considerada la única forma de conservar o conseguir respeto: “lo único que tengo es ´respeto´”. La violencia se instala como una forma naturalizada de los vínculos, la violencia delincuencial, la violencia sin sentido aparente, que sí lo tiene para el que la ejerce. También se percibe la tendencia a la cosificación de los vínculos desde una posición utilitaria: porque necesito, porque me conviene.

La dificultad para comprender la cotidianidad actual; la sensación de que arrasa, convoca a las propuestas de “resiliencia” en sus diversas formas, tal como poner en la palestra a la escuela estoica[10], pasando por diferentes opciones y propuestas para lograr “bienestar”: “si la sociedad no se puede cambiar debo cambiar y adaptarme yo”.

Otra manera bastante extendida de relacionarse con lo real es aquella que parece dar cuenta de un vacío existencial que lleva al nihilismo existencial, posición en la que se sostiene que la vida carece de significado, objetivo, propósito, o valor en sí misma. Algunas frases escuchadas recientemente como: “no hay buenos”, “simplemente trato de no pensar”, “no te comprometas con nada”; una frase habitual para una generación: “romantizá el momento porque es la única vida que tenés, que es esta”, lo visto en una pintada en el barrio Itatí en Quilmes: “Hasta que el trauma se haga costumbre”; o el cínico título de un libro: El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda[11]; tal vez nos den una pista de lo que piensa y siente una parte significativa de la población.

La desconfianza entramada en el contexto se traslada a los vínculos, la percepción de que el otro no te puede dar respuesta, que no te comprende, que desestima tu padecer, da cuenta de un profundo sentimiento de soledad. Lleva a la búsqueda de respuestas, por ejemplo, en algún streamer que confirma tu percepción como en el caso de la serie Adolescencia[12], en la que el chico recurre en búsqueda de alguna certeza/repuesta a su padecimiento. La búsqueda en lo virtual de lo que no se encuentra en lo real: el Ghatgpt provee de amistad, de terapia, de respuesta a la culpa de haber perdido un hijo por la droga

Las patologías emergentes son: la depresión en primer lugar, las adicciones, los trastornos de ansiedad. También están presentes, en una escena cotidiana -aunque sin llegar a ser patología son sufrimiento, y derivan en diversas dependencias no necesariamente de sustancias para poder transitarlas o defenderse que implican, de alguna manera, un consuelo – la ansiedad y la tristeza. Tristeza de la que Pichon dijera intuir que “está en el fondo de todas las conductas especiales”[13].

El desconcierto, la perplejidad es el estado que predomina, lo que hace más difícil y aún más necesaria la permanente crítica de la vida cotidiana tanto en sus aspectos materiales como en los discursos que la recorren. Se impone, entonces, realizar un análisis profundo que elimine la apariencia de todo como respondiendo a un orden natural, que dé cuenta de la incoherencia y lo indefendible del sistema. Así como el de la situación del sujeto inmerso en esa vida cotidiana; sus posibilidades y obstáculos para: adaptación activa, aprendizaje, creatividad, recuperación de autonomía, lucha genuina por sus derechos.

Dice Pichon: “La conciencia crítica es una forma de vinculación con lo real, una forma de aprendizaje que implica la superación de ilusiones acerca de su propia situación como sujeto, como grupo, como pueblo… en un proceso de liberación la lucha por la salud no es sólo la lucha contra la enfermedad sino contra los factores que la generan y refuerzan”. Esta reflexión nos muestra la posibilidad de hacer el tránsito de sujeto en situación[14] a sujeto situado, consciente de su situación, un sujeto con capacidad crítica, en definitiva un sujeto sano.

Proponer y generar espacios para el encuentro, la hospitalidad, la mutualidad, de amistosidad[15] es intentar mostrar otra forma de relacionarse/vincularse a la predominante, tener una visión del otro como semejante. Instancias que hacen a la salud mental, aún de manera frágil, a pesar de los pesares, persisten: qué es si no el pertinaz deseo por un trabajo digno, las múltiples experiencias de cooperativas de trabajo en distintos rubros, distintas formas de organización de productores, así como infinidad de grupos solidarios que se organizan en torno a las necesidades en los barrios, que dan cuenta de prácticas que habilitan cierta recuperación de potencialidades, una manera de ir transitando, superando el sentimiento de pérdida en la concreción de una tarea que, en sus aspectos materiales y subjetivos, remite a un hacer con otros, que favorece el fortalecimiento de la identidad, la autoestima, el tener otro argumento de sí mismo, el reparar vínculos, y que en parte contribuye a sostener una débil trama social y evitar la anarquía. Es una forma posible de encontrar sentido a la vida.

¿Podemos imaginar la cancelación del cambio? La historia nos dice que nada se detiene. Es bueno recordar que lo que alguna vez fue considerado impensable, hoy es posible.

Intentamos dar cuenta de cómo el orden sociohistórico hace a la esencia de lo subjetivo, por lo tanto lo que en él sucede está implicado en las conductas que expresan salud o en las que expresan patología. Entendemos la salud mental como una construcción colectiva por lo que la patología no debería quedar alojada exclusivamente en lo individual así como su abordaje y cura. Los padecimientos que devienen de la organización social, que atañen a la esfera de lo institucional imponen la búsqueda de la transformación necesitada que evite la extensión en el tiempo del daño.

Septiembre 2025


Beatriz Romero es psicóloga social y docente de la Primera Escuela Privada de Psicología Social fundada por Enrique Pichon-Rivière.


NOTAS:

[1] Según Ana Quiroga: … “una visión polar y simplista que define al sujeto sólo como “sociedad interiorizada” tampoco comprende qué procesos internos operan en esa internalización de valores sociales y cuáles de dichos procesos conducen a modalidades diversas de elaboración de las significaciones sociales, de su experiencia subjetiva y vincular y sus formas de relación con la realidad. “Los Criterios de Salud Mental” en Crisis Procesos Sociales Sujeto y Grupo. Buenos Aires, Ediciones Cinco, 1998, pp. 161 y 162.
[2]Aparecido hacia los años 2000 con la web 2.0 y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, el capitalismo 4.0 integró tres tecnologías surgidas del capitalismo 3.0: la difusión del Internet, las plataformas y los algoritmos. El deep learning, es la industria de punta de esta fase del capitalismo cuyo insumo estratégico son las tierras raras.
[3] Así, según datos del informe publicado por el Laboratorio de las Desigualdades Mundiales, el 10% de la población acumula el 76% de la riqueza global, mientras que la mitad más pobre de la población sólo posee el 2%, en 2021 Informe sobre la desigualdad global 2022.
[4] Según manifiesta Marx… el carácter exterior del trabajo con respecto al obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de este sino de otro; que no pertenece al obrero, que en el trabajo el obrero no se pertenece así mismo sino que pertenece a otro. C. Marx, “El trabajo alienado”, Manuscritos de 1844, Buenos Aires, Ediciones ESTUDIO, 1972, p. 104. Al respecto Abel García Barceló escribe: “La noción de alienación sintetiza, entonces, a los agentes objetivos que la producen y a las resultantes subjetivas de esos agentes, sin los cuales la alienación no aparece ni se revela”.: “Marxismo y Alienación. De los Manuscritos a El Capital”. Prólogo a la op. cit., p. 27.
[5] Zito Lema, Vicente: Conversaciones con E. Pichon- Rivière sobre el arte y la locura, Buenos Aires, Ediciones cinco, 2000, p. 90.
[6] Hernández, Daniel y Zarazaga, Rodrigo: La narrativa rota del ascenso social. Un estudio sobre las expectativas de jóvenes de barrios populares, Buenos aires, CIAS – Fundar, marzo 2025.
[7] Resulta de gran utilidad introducir el concepto de “autonomía relacional” del que habla Silvina Álvarez en el texto “La autonomía personal y la autonomía relacional” dice: Tener más o menos autonomía depende de una serie de factores, de condiciones internas y externas al sujeto… es decir, (conocer) la presencia de cursos de acción, de oportunidades, que la persona es capaz de reconocer como propuestas no solo viables sino legítimas para sí. Revista Análisis filosófico, Vol. 35, Buenos Aires, SADAF, 2015.
[8] Según E. Pichon-Rivière …“la ansiedad dominante o miedo está referida a la pérdida del objeto (…)Los sentimientos de duelo, culpa y pérdida forman el núcleo existencial junto a la soledad. La tarea del yo en este momento consiste en inmovilizar el caos posible o en comienzo, apelando al único mecanismo o técnica del yo perteneciente a esta posición, la inhibición. Esta inhibición precoz más o menos intensa en cada caso, va a constituir una pauta estereotipada y un complejo sistema de resistencia al cambio, con perturbaciones del aprendizaje, la comunicación y la identidad. “Una nueva problemática para psiquiatría”, El Proceso grupal, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1985, p. 23.
[9] E. Pichon-Rivière, op. cit., p.17.
[10] Escuela filosófica creada por Zenón de Citio en Atenas el siglo III a. C. En general, se enfatiza un solo aspecto de su filosofía que es aceptar las circunstancias que no podemos cambiar.
[11] Este texto tiene como subtítulo: Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito, Mark Manson. HarpersCollins Ibérica, Madrid, 2019.
[12] Serie de Netflix, 2025.
[13] Dice Pichon-Rivière: “Toda tristeza se origina en alguna pérdida. Esa pérdida suele ser de naturaleza afectiva. También puede derivar de una crisis económica, o de una limitación de la libertad. Pero, insisto, siempre se tratará de una pérdida. Y es allí donde se origina el conflicto”. Vicente Zito Lema, Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière sobre el arte y la locura, Buenos Aires, Ediciones Cinco, 2000, p. 64.
[14] Concepto que propone E. Pichon-Rivière para la comprensión de la conducta de los sujetos. Implica analizarlo como integrante/emergente de un ámbito familiar, institucional y comunitario en el aquí y ahora que contiene, a su vez, el pasado. Historia personal inmersa en una historia social.
[15] Neologismo acuñado por la Psicóloga María Ángela Gialdino y el Psicoanalista Eduardo Smalinsky.

BIBLIOGRAFÍA:

-Auyero, Javier; Servián Sofía: Cómo hacen los pobres para sobrevivir. Buenos Aires. Siglo XXI. 2023.
-Fisher, Mark: Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? Buenos Aires. Caja Negra. 2018.
-Hernández, Daniel y Zarazaga, Rodrigo: La narrativa rota del ascenso social. Un estudio sobre las expectativas de jóvenes de barrios populares, Buenos aires, CIAS – Fundar, marzo 2025.
-Marx, Carlos: Manuscritos de 1844. Economía política y filosofía. Buenos Aires. Ediciones Estudio. 1972.
-Pichon-Rivière, Enrique: El proceso Grupal. Del psicoanálisis a la psicología social. Buenos Aires. Ediciones Nueva Visión. 1985.
-Pichon-Rivière, Enrique: Entrevista sobre “Instituciones de Salud Mental en la Argentina” publicada en la Revista “Los Libros” 1974.
-P. de Quiroga, Ana: Matrices de Aprendizaje. Constitución del sujeto en el proceso de conocimiento. Buenos Aires. Ediciones Cinco. 1991.
-P. de Quiroga, Ana: “Algunas reflexiones a modo de presentación” en La Salud mental como construcción colectiva. Aportes de la Psicología Social. Compil. Beatriz Romero. Buenos Aires. Ediciones Cinco. 2012.
-Romero, Beatriz: “Trabajo, trabajadores y salud. Actividad vital” trabajo presentado a las VII Jornadas de homenaje al Dr. Enrique Pichon-Rivère: En un mundo de muros y grietas la Psicología Social interpelada. Noviembre. 2017.
-Romero, Beatriz: “Daño a la salud mental. Un tema de preocupación social”. Trabajo presentado a las VIII Jornadas Nacionales y VI Jornadas Latinoamericanas de Psicología Social en Santa Fe. 2022.
-Zito Lema, Vicente: Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière sobre el arte y la locura. Buenos Aires. Ediciones Cinco. 2000


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